jueves, 6 de septiembre de 2018

MENSTRUAR A LOS CUARENTA

VERSIÓN LIBRE DE "MENSTRUATION AT 40" (ANNE SEXTON).


Estaba pensando en procrear.                                                             
Pero un útero no es un reloj que hace tic tac
ni una campanita sobre un mostrador
Donde se compra un bebé.

Sin embargo es diciembre
Y ya siento el primer mes en mi cuerpo
Y también el día 13 del calendario, por supuesto.

En dos días va ser mi cumpleaños
Y como siempre la tierra hará su cosecha.

Esta vez decidí salir de caza, 
la presa que persigo es la muerte
voy a salir a cazar la noche,
la noche sobre la que me hamaco
La noche que deseo
Mi doctor me dice: “Müllner, elabore: hable de eso!”
“No puedo!: La escena del crimen es el útero.
No hay manera de ponerle palabras.”


Yo pensaba en dar a luz un hijo (o dos)
Pensaba en vos! El nunca antes imaginado
El brote que nunca planté, el brote que nunca fumé,
En vos, pensaba
y te adjudiqué unos genitales que me dieron miedo
Hambriento como el lobo, y cuando estabas bien cerca
olías a cachorro. 

Te daría mis ojos? No mejor te daría los de él?
Serías mi “Martín”, mi “Luca”?
Esos dos nombres te elegí y me los quedé escuchando: Luca, Martín,
¿Será mucho pedirte que seas ese buen hombre
Que todos tus padres fueron?
Las piernas de marfil de un Miguel Ángel
un par de manos importadas de Yugoslavia
A veces un austero peón, Eslavo y decente,
A veces el sobreviviente que se vuelve en contra de la vida,
Y sería posible eso inclusive
Si tuvieras la mirada celeste de una nenita?

Sin vos todo se reduce a
Una hemorragia que dura dos días.
Voy a morir sin bautismo,
soy el tercer hijo, por el que nadie se preocupó.
Pero al menos voy a morir el Día de mi Santo.
Qué tiene de malo que me guste el Día de mi Santo?

Es como un ángel que mis padres me bajaron del sol, 
solo para mí

Müllner, siempre tejiendo con tus pensamientos
una red, un complicado veneno...

Mi Escorpión, fuiste una araña muy muy mala
te aplasto y... 
Estás muerto!

 Y ahora mi propia muerte brota de las muñecas
Dos nombres tajeados, taggeados:
#Martín #Luca
#Luca
#Martín
mis hemorragias se parecen a los arreglos de flores
uno me florece a la derecha, otro a la izquierda
Esta habitación se fue poniendo cálida.
Esta habitación le dará lugar a toda mi sangre
Se va a poner mucho, mucho más sofocante,
Abran una puerta por amor de dios!

Faltan dos días para mi muerte
y dos días para la tuya:
Amor! Sos una Enfermedad Roja!
Año tras año, Martín, me estás volviendo loco,
loca...
Luca! Consumado y libre, surcando el cielo oscuro
Joven para siempre...

Y yo esperándolos en la entrada de la casa para siempre...
Año tras año, mi niño zanahoria, mi niño repollo.
Yo los haría míos antes que cualquier otra cosa
Llamándolos por sus nombres!
Diciéndoles: "Martín... Luca... 
Son míos!"


sábado, 24 de diciembre de 2016

REVISTA THE 13TH

Desde de diciembre '16 voy a estar participando como redactor para The 13th, una revista de música, cine y libros que se puede bajar gratis desde esta página: https://issuu.com/revistathe13th


lunes, 12 de diciembre de 2016

APROPIADO POR EL TRADUCTOR: DE SYLVIA PLATH: "LADY LAZARUS"

JUANITO LAZARO:

Lo hice otra vez
un año cada diez
me las ingenio para…

una especie de caminante muerto, mi piel
brillosa como una pantalla nazi
mi pie derecho

pesa lo que un papel
cara sin rasgos, decente
linaje judío

desenrolle su servilleta
enemigo mío
 Le doy miedo?

Mi nariz, los pozos de mis ojos, el juego completo de mis dientes
mi aliento amargo
podrán desvanecerse un día de estos

pero más temprano que tarde 
el pozo que fue cavado para mi tumba será devorado
en mi hogar, sobre mi boca

Y yo seré un Müllner sonriente.
Ahora tengo apenas 30
y gato que soy, tengo nueve vidas para gastar.

Ésta es apenas la número tres
Qué bazofia!
Aniquilar de este modo cada década

Qué millón de filamentos comiéndonos por dentro
hay una multitud que pela maní
amuchándose para mirar

ellos pretendían desvencijarme: acá una mano, allá un pie
Pero ya comienza mi gran strip tease
damas, caballeros

me voy a arrancar la piel,
los codos,
las rodillas
voy a a quedar primero carne fresca
y luego calavera

Incluso así seré el mismo, idéntico Müllner.
La primera vez que me pasó tenía diez,
fue un accidente.

La segunda vez lo hice apropósito:
Sostenerme un momento de dramatismo, y después
desfallecer, no volver nunca mas
me encerré entre piedras

“Niño ostra” me gritaban,
me llamaban.
Después venían a quitarme los gusanos pegados a mí carne como perlas

Morir
es un arte, como todo lo demás
Pero YO lo hago excepcionalmente bien

Lo hago para que ustedes, público
puedan espiar el infierno por una hendija.
Lo hago para sentirme REAL.
Supongo que ahora querrán interrumpirme: “Silencio, Müllner
Alguien tiene una llamada…”

Es fácil morir en una celda o filmar un suicidio con el celular
es fácil morirse y quedarse quietito
pero es el teatral regreso

a la luz del día
al mismo lugar, la misma cara, el mismo bestial y divertido
grito de la hinchada: “Es un…
 milagrooo!”
Un milagro que me noquea.
Pero hay un precio,

hay un precio por estas cicatrices, hay un precio
para escuchar mi corazón latir
(que de verdad late, late)

y hay un precio, un alto precio
para intercambiar un palabra o un tacto, un roce
un poquito de sangre

Y también un precio por mi pelo y por mis hábitos
Po, Po, Por eso, Professor,
Herr Doktor
Enemigo

Soy su opus final
su única víctima valedera
un guachín de oro puro

que se derrite con un grito suyo
Me caigo y me quemo
No crea que subestimo su preocupación por mí
Cenizas, Polvo
Usted atiza y me revive
Carne y hueso, me ve
pero ya no
ya no hay nada más que una máscara:
una simulación

una torta hecha de jabón
o un anillo de casamiento
una muela emplomada

Herr Dios, Herr Diablo
tengan miedo,
ténganme miedo
Desde mis cenizas
rojo y velludo me voy a levantar,
y me los voy a devorar como al aire,
como a la nada misma.






domingo, 23 de octubre de 2016

VIAJE A PLUTÓN

(a partir de "Pluto Drive" de The Creatures, letra de Siouxsie Sioux)

Vayamos a Plutón,
la atmósfera es ideal.
Sería lindo mudarnos a ese barrio,
ahí no habría que preocuparse 
                                       por la inseguridad.

Viajemos a Plutón,
es un lugar frío y baldío.
Qué nuestros hijos dirijan el viaje, 
qué ellos sean
                        Los Héroes.
El Suicidio, La Muerte 
                        son Alto Camp!

Yo quiero vivir en Plutón!
Divertirme en Plutón,
viendo como mi cuerpo se vuelve azul
bajo un sol alienígena.

"Oh, dejadme conocer Plutón!"
Desde acá parece 
el chamuyo más grande
Como: "Quién se tiró el pedo
que dejó el pasto hecho piedra
y convirtió el mar fuentes
                                 de gas metano.

Pero... vayamos a Plutón!
O vivamos pensando ese punto,
mientras una Luna de Malos Augurios 
se cierne sobre nuestras mentes
desde las más locas alturas.

Vayamos Allá! De verdad...
no puede llevarnos tanto!
Solo es necesario un viaje, inmóvil,
                                      libre de plomo
desde el inconsciente profundo
hasta la estrella más 
                                      bella de todas!

Yo quiero ser el primero
en pisar Plutón!
Aunque tal vez mejor espere
que el mundo eterno enfrente
su plutoniano destino.

Así, los días se harán largos
los años, todavía más.
Por eso, vayamos todos ahora,
como otros lo han hecho antes!

Vayamos de una vez
                                o vivamos 
planteándonos la situación
mientras una Luna Mala
                                   se alza 
hasta un punto lunático.

Siouxsie - Pulto Drive


sábado, 8 de octubre de 2016

Silencio Hospital

"Silencio, hospital" (sobre Hospital Samsara)
por Juan Lázaro Rearte

“El resto es silencio” son las últimas palabras de Hamlet a Horacio, en la escena 10 del acto V de la tragedia de Shakespeare. Esa sentencia terriblemente lúcida, separa con un telón de luz enceguecedora la tragedia histórica de la modernidad y abre un camino incierto y desolador: ni el mito ni la tradición pueden restablecer ya la armonía de las esferas. A la hora de contemplar la rápida degradación de la época de las apariencias, aquellas palabras resuenan con especial saña. ¿Cómo se puede hablar del silencio? ¿Cómo se vuelve significado? Hamlet, tensando ideas y palabras en la expresión logra referir su nueva y definitiva condición de despojo. El corazón de esa tragedia es una membrana que rítmicamente nos recuerda que el futuro es silencio. En una época miserable, de rendición y repliegue ante la autoritaria hegemonía de la mercado-política, de proliferación de signos evanescentes, el recuerdo de la materia y de su límite, el silencio, es una advertencia de la condición de ruina que está in nuce en cualquier producción cultural. Todo lo que quiera prevalecer tendrá que, igualmente, hundirse.
 Hospital Samsara es una caja de comprimidos políticos, si se entiende, como me gustaría, este apego al materialismo como una profesión de fe de su autor. Cada texto parece advertir contra qué se dirige al establecer la continuidad entre desaparición y borramiento, anulación de la existencia. Este hospital, como institución pública que debía garantizar, de la mano del Doctor Atanasio Pernath, la higiene social y la sanidad de los cuerpos, es, en la cartografía y en la historia, un punto móvil, indeterminado, vacilante, situado en algún lugar de una Buenos Aires que pudo haber implosionado. Se trata de una institución fantasma cuya función quedó vacante frente a un Estado que renunció a sus obligaciones. Sin embargo, el hospital, como en cierta medida la escuela, no puede desaparecer, se desdibuja, se vuelve fantasmal y frente al diagnóstico de la realidad, la literatura ofrece su reverso, un plano misterioso, cargado de sentido, en el que –a contramano de los actos de lo que haría un narrador ilusionista- se presenta una lógica propia, las vísceras de la institución. El libro de Müllner tiene el gran mérito de traspasar la superficie que se presenta como proliferación de fragmentos y ruinas, y que en su lectura conjunta ofrece una conformación plena, de un gravitante sentido político.
El sentido político consiste en la focalización de la huella, de la ausencia, de lo que fue borrado. El hospital pudo en efecto ser abandonado (“excluido del plan de salud pública de la Ciudad”, 9), pero al llevar adelante una inspección de lo que queda, es posible levantar con sentido nuevo y cohesionado lo que se creía perdido para que se restaure en un nuevo ciclo. La unidad de los microrrelatos, un conjunto de postales seguido de “Terapias alternativas”, de consejos para evitar accidentes caseros y de otras misceláneas, se da por la consistencia de la narración. En efecto, Müllner no cae en la pereza del narrador posmoderno dedicado a la creación de efectos y de meras complicidades con su lector, en cambio conduce con seguridad el recorrido por el atribulado terreno de hombres, mujeres y niños que viven o vivieron (cuando se trata de suicidados (13) o de occisos ordinarios (24)) en estado de espera. En este trayecto, la arcaica función terapéutica de la literatura tiene tanto de humor como de ironía. El diálogo con tradiciones literarias como Alicia, de Carroll, o Samsa, de Kafka, o con motivos del Romanticismo, como el doble o los cuentos de hadas, o bien con la cultura de masas, en particular el cine, la música pop o los mitos populares, restablecen el lugar activo, vital de la literatura.  
Patios internos, pasillos abandonados, mobiliarios arrumbados, pabellones fantasmas, salas de emergencias son atravesados por una variada y somnolienta población de profesionales de la medicina y de la fe. Mancomunados en el interés de prestar auxilio a los internados se complementan en una eterna continuidad que se contrapone al tiempo de la producción. Mientras en el capitalismo el funcionamiento de la máquina se debe al minucioso complemento de engranajes para lograr trasformar la materia prima en un producto acabado, el trabajo sobre el cuerpo para mantenerlo en funcionamiento es aquí la única finalidad, faena alucinante y sin descanso, más allá de que “como en todo edificio público hay una división tajante del trabajo” (65). Aquí, por medio de cuestionables estrategias para “tener a raya a (niños) maleducados” (19), castigos, milagros, drogas y extrañas cirugías (cuando no mutilaciones (25)), los cuerpos tienen que cumplir la condena de mantenerse en circulación, de volver “al mundo de las formas” (45). Incluso la sala de autopsias es un recinto donde los muertos revelan “los últimos secretos del ser humano” (36). Entre el silencio y el grito, Hospital Samsara es un reducto del lenguaje dirigido contra su época.

                                                                                           Juan Lázaro Rearte
                                                                                              
"Silencio, hospital" (sobre Hospital Samsara)
por Juan Lázaro Rearte

“El resto es silencio” son las últimas palabras de Hamlet a Horacio, en la escena 10 del acto V de la tragedia de Shakespeare. Esa sentencia terriblemente lúcida, separa con un telón de luz enceguecedora la tragedia histórica de la modernidad y abre un camino incierto y desolador: ni el mito ni la tradición pueden restablecer ya la armonía de las esferas. A la hora de contemplar la rápida degradación de la época de las apariencias, aquellas palabras resuenan con especial saña. ¿Cómo se puede hablar del silencio? ¿Cómo se vuelve significado? Hamlet, tensando ideas y palabras en la expresión logra referir su nueva y definitiva condición de despojo. El corazón de esa tragedia es una membrana que rítmicamente nos recuerda que el futuro es silencio. En una época miserable, de rendición y repliegue ante la autoritaria hegemonía de la mercado-política, de proliferación de signos evanescentes, el recuerdo de la materia y de su límite, el silencio, es una advertencia de la condición de ruina que está in nuce en cualquier producción cultural. Todo lo que quiera prevalecer tendrá que, igualmente, hundirse.
 Hospital Samsara es una caja de comprimidos políticos, si se entiende, como me gustaría, este apego al materialismo como una profesión de fe de su autor. Cada texto parece advertir contra qué se dirige al establecer la continuidad entre desaparición y borramiento, anulación de la existencia. Este hospital, como institución pública que debía garantizar, de la mano del Doctor Atanasio Pernath, la higiene social y la sanidad de los cuerpos, es, en la cartografía y en la historia, un punto móvil, indeterminado, vacilante, situado en algún lugar de una Buenos Aires que pudo haber implosionado. Se trata de una institución fantasma cuya función quedó vacante frente a un Estado que renunció a sus obligaciones. Sin embargo, el hospital, como en cierta medida la escuela, no puede desaparecer, se desdibuja, se vuelve fantasmal y frente al diagnóstico de la realidad, la literatura ofrece su reverso, un plano misterioso, cargado de sentido, en el que –a contramano de los actos de lo que haría un narrador ilusionista- se presenta una lógica propia, las vísceras de la institución. El libro de Müllner tiene el gran mérito de traspasar la superficie que se presenta como proliferación de fragmentos y ruinas, y que en su lectura conjunta ofrece una conformación plena, de un gravitante sentido político.
El sentido político consiste en la focalización de la huella, de la ausencia, de lo que fue borrado. El hospital pudo en efecto ser abandonado (“excluido del plan de salud pública de la Ciudad”, 9), pero al llevar adelante una inspección de lo que queda, es posible levantar con sentido nuevo y cohesionado lo que se creía perdido para que se restaure en un nuevo ciclo. La unidad de los microrrelatos, un conjunto de postales seguido de “Terapias alternativas”, de consejos para evitar accidentes caseros y de otras misceláneas, se da por la consistencia de la narración. En efecto, Müllner no cae en la pereza del narrador posmoderno dedicado a la creación de efectos y de meras complicidades con su lector, en cambio conduce con seguridad el recorrido por el atribulado terreno de hombres, mujeres y niños que viven o vivieron (cuando se trata de suicidados (13) o de occisos ordinarios (24)) en estado de espera. En este trayecto, la arcaica función terapéutica de la literatura tiene tanto de humor como de ironía. El diálogo con tradiciones literarias como Alicia, de Carroll, o Samsa, de Kafka, o con motivos del Romanticismo, como el doble o los cuentos de hadas, o bien con la cultura de masas, en particular el cine, la música pop o los mitos populares, restablecen el lugar activo, vital de la literatura.  
Patios internos, pasillos abandonados, mobiliarios arrumbados, pabellones fantasmas, salas de emergencias son atravesados por una variada y somnolienta población de profesionales de la medicina y de la fe. Mancomunados en el interés de prestar auxilio a los internados se complementan en una eterna continuidad que se contrapone al tiempo de la producción. Mientras en el capitalismo el funcionamiento de la máquina se debe al minucioso complemento de engranajes para lograr trasformar la materia prima en un producto acabado, el trabajo sobre el cuerpo para mantenerlo en funcionamiento es aquí la única finalidad, faena alucinante y sin descanso, más allá de que “como en todo edificio público hay una división tajante del trabajo” (65). Aquí, por medio de cuestionables estrategias para “tener a raya a (niños) maleducados” (19), castigos, milagros, drogas y extrañas cirugías (cuando no mutilaciones (25)), los cuerpos tienen que cumplir la condena de mantenerse en circulación, de volver “al mundo de las formas” (45). Incluso la sala de autopsias es un recinto donde los muertos revelan “los últimos secretos del ser humano” (36). Entre el silencio y el grito, Hospital Samsara es un reducto del lenguaje dirigido contra su época.

                                                                                           Juan Lázaro Rearte