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martes, 10 de diciembre de 2013

feliz nulidad para todos


Cerca del fin, la vida tiende a divirse
entre el bien y la otra parte.
Nulidad, es mi forma de resistencia:
nunca decido la bondad, ni su reverso.
Hoy por ejemplo: quería el bien -uno sólo-
pero mi camino se bifurcaba, perdía el rumbo...
Reduje cuerpos contra el piso,
camine sobre cabezas, dije insultos...
Al latido comatoso de sus pies y sus relojes
el centro me vuelve peligroso.
Es temporada de acumular bienes con descuento.

martes, 9 de junio de 2009

El viernes presentamos un nuevo libro















Juan Rearte
presenta:
últimos 55 min de la mañana


y decidió invitar:


a leer

Susana Cella


a tocar

La Forma y Linda-Linda

y a hacer música para mirar


Al ver verás
http://www.youtube.com/alvrvras




Elige tu propia entrada

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Usina Cultural del Sur | Bulnes 326

Colectivos
19, 24, 52, 71,104,105,124,127,128,146,151,155,160,168. .



Esperamos verlos ahí

viernes, 16 de enero de 2009

Gracia Lazarus



Por Diego Vleminchx, 2006.

Este fotomontaje forma parte del diseño de tapa de mi nuevo libro "La Dormida", a editarse en breve por FyF Ediciones.
La cabeza de muñeca en movimiento -Muñe, modelo exclusiva de Diego- representa al personaje principal, Gracia Lazarus, Secretaria Privada del Juzgado, y compañera de trabajo de El Escribiente.

martes, 28 de octubre de 2008

(corregido)

versión final -al menos por ahora- de un mal poema ya publicado en este blog
posiblemente integre mi próximo libro "Gracia Lazarus" a editarse, con un poco de suerte, antes de que termine el 2008...


EL BROTE

Asomó de madrugada: llovía,
y al tratar de extraerlo con tijeras
el tallo esbozó una sonrisa lívida
-una, dos, tres hojas-
desde el zócalo. Vio sus espinas,
bajo relámpagos, sedientas
como una pequeña dentadura
y en su cabeza un rechinar enfermo
-¿miedo?-,
la mantuvo inmóvil durante horas,
perdiendo y recuperando la visión.
Era sólo una presencia leve
-en el zócalo, en el cuarto-
pero jaló y sintió rechazo de verlo
moverse con la raíz expuesta.
Un retoño así sólo podía haber brotado
en su propia ausencia de lugar y tiempo,
ser, en el aire reverberante, un fantasma
nacido de su pensamiento.
Intentó nuevos cortes
pero en cada opresión metálica
la traquea rasgada, se reponía
buscando crecer, y ella
que nunca había permitido un crecimiento,
giró en círculos negando,
hasta perderse en la blancura
de su propio cuarto:
pared, pared, pared, pared.
Corrió a la cama, al refugio
frío de las frazadas, pero sin aviso
sintió la puntada silenciosa
de un dedo pálido y delgado, luego,
un cálido torrente circulando
hasta sus cimientos.
Afuera y adentro de ella, por primera vez
todo era verde y afiebrado,
como en el planeta animal:
humedad, cascadas, flores, insectos...
Incluso una pequeña bombilla sobre su frente
le pareció un baño de luz, un milagro,
y en un instante agónico, se alucinó ramificada
en un sinfín de pequeñas vidas,
entonces, saboreó el fin
-bajo la lengua-, y se apagó.
Por la mañana, entre médulas secas,
despertó urgida de un respiro.
Se deshizo de la maraña
y contempló el cuarto
como naturaleza fósil.
El zócalo otra vez intacto.
Sobre la ventana el tejido muerto
bloqueando la luz y el aire.
Con dedos en pinza
extrajo oxígeno de los pliegues,
y un único rayo se deslizó por cada esquina
iluminando los restos de la noche:
desmalezó, barrió, embolsó,
eliminó hasta el último residuo, hizo el desayuno.
En la ducha fregó su piel.
En la oficina, firmó papeles,
fumó, bebió café...
como si de ese modo pudiera cercenar la raíz
o evitar un nuevo crecimiento.

martes, 19 de febrero de 2008

back from uru... con un poema

algo fue robado, o quizá haya algo
necesariamente inconcluso en la creación:
al que pintó aquellas nubes –por ejemplo-
le faltaron aquí y allá unas pinceladas

boca arriba, desde un lecho verde
un elegido podrá extender dos dedos
y en un guiño, tomar con su ojo abierto
una radiografía del paraíso

yo en cambio sólo sé elaborar
variaciones que son finitas
1, 2, 3 (cuatro...
pero no más)

sin embargo, una vida nueva
se desprende de cada variable
y hasta nacieron seres monstruosos
producto de mi intervención

incluso en completo silencio
mi mal no moriría... haría una siesta
basta decir que las cosas de la naturaleza
se distraen cuando no las miro

cae un bicho, una fruta, un papel

a mis espaldas, toda vida es eso:

una telaraña
que se desteje

jueves, 6 de diciembre de 2007

EL BROTE

De madrugada asomó el primer brote:
llovía, y al acercarse a contar
-dos hojas, ¿tres hojas?-
el tallo la contempló y esbozó una sonrisa lívida
desde el zócalo. Vió espinas, bajo relámpagos,
sedientas como pequeñas dentaduras
y en sus huesos sintió un rechinar enfermo, que por horas
la mantuvo inmóvil, perdiendo y recuperando la visión
del minúsculo primer retoño.
A pesar de su presencia leve
-en el zócalo, en el cuarto-
evaluó cada posible peligro. ¿Tuvo miedo?
o, a falta de sensación más fuerte, no evitó
ir a la raíz, descubrir
que había germinado en su propia ausencia
de lugar y tiempo, y era sólo eso:
dentro del aire, reverberante y frío,
una fuerza invisible, más profunda que el silencio.
Se rindió, de rodillas, intentó un corte con tijeras
pero en su palma la traquea rasgada, aguda
le exigía crecer, y ella
que nunca había visto algo
crecer, buscó la objeción,
giró, se perdió en la blancura ascéptica
-pared, pared, pared, pared- y más allá,
el espejo, que le pedía un poco de sangre.
Entonces volvió a la cama, abrazó la almohada,
y se dejo acceder, hasta ser ella misma
la grieta más honda del dormitorio.
Primero sintió puntadas súbitas
como de un solo dedo pálido
luego el brote circulaba en un torrente
hasta sus cimientos -afuera y adentro-.
Todo alrededor florecía, verde y afiebrado.
Toda la noche, fue ella
verde y afiebrada. Por la mañana,
amaneció entre médulas, luchando por un respiro
se deshizo de la maraña
que había invadido las cavernas de su nariz y sus orejas
y contempló:
toda su habitación era una selva fósil
el esqueleto vegetal negaba el aire en cada dirección.
Con las uñas extrajo oxígeno de los pliegues
y una brizna de sol se deslizó por la enramada
desmalezó, barrió, embolsó
borró hasta el último residuo, hizo el desayuno
en la ducha fregó su piel
en la oficina, hizo llamados, selló formularios, fumó, bebió café
como si esas intoxicaciones pudieran infectar la raíz
o si quiera retardar un próximo crecimiento.
Mientras redactaba correspondencia
reponía -sin querer- puntos de contacto
entre El Auge y La Caída. A hurtadillas
miraba el piso:
en platos playos matas muertas, en macetas
tierra, hojas, flores secas
bajo el escritorio se extendían yemas dulces
infectando el teclado, abriendo botones
ingresaban a la ropa por la fisura
preparaban para el latente fruto
un venenoso ascenso.


de GRACIA LAZARUS,
poemario en proceso

sábado, 24 de noviembre de 2007

COFRADÍA

Donde el miedo confunde sus huesos

como si crujir los transfigurara en ramas

de un mismo árbol seco.

El único en el campo abierto de la noche.

Cerca de ahí, respira la amenaza, por detrás

y a cada lado: el peligro no tiene forma exacta,

merodea, abriendo fauces más profundas que la oscuridad

y que en ella se evaporan.

Parte un rayo de la tierra

cortando el aire escala el cielo

hasta abrirse como una gran violeta.

El llamado los convoca hacia el halo de las linternas.

Agitando sus garras, en ausencia de sus voces

el clan grita “es acá”.

Sólo uno recibe el destello en el tórax

pero la fusión del metal con la carne

cava un abismo donde uno a uno van cayendo

como tablas de dominó.

Luego se levantan, huyen. Lo dejan sólo.

Cuando los cazadores se cierran en ronda

del brillo de sus miradas germinan estrellas

y hasta de algunos brotan lágrimas

que no lo tocan.

Mientras lo atan y colectan en un saco

alguien señala: “es extraño como la vida los consume

teniendo la oportunidad de ser bestias

se vuelven tan indefensos”.

Al ser tomado, perdiendo un coágulo,

piensa “me encontraron, sin haberme manifestado”

y mientras su latido se disuelve, examina

su breve pasado en las cavernas

donde aprendía a morir tiernamente.

Al caer en el fondo del costal

enseña las cavidades donde

podrían haber nacido los colmillos.

Quiere protestar

mientras cae en la última madriguera del sueño,

como quien entra para escapar de un grave error.